Inmersos en el cuarto confinamiento de esta quinta ola del COVID en Austria, podemos analizar y entender un poco mejor la situación. Resulta difícil de entender que este país de Centroeuropa, que debería contar con todos los medios para poder poner freno a la pandemia, no lo haya conseguido y tenga que recurrir al confinamiento con las consecuencias nefastas que eso supone para los ciudadanos y la economía. Las cifras de contagios vuelven a estar disparadas, los hospitales saturados… y ¡las vacunaciones siguen sin crecer! ¿Cómo resolverlo? La vacuna no será obligatoria hasta febrero y mientras tanto, las medidas resultan poco eficaces.

La mayoría de los austríacos se sienten decepcionados por contar con un Gobierno de coalición débil y dubitativo, sin las prioridades claras, y se rebelan contra estas medidas sobrevenidas de manera improvisada y que denotan la falta de previsión y de estrategia de su Gobierno.

La rebelión comenzó ya el fin de semana, durante las 48 últimas horas previas al confinamiento. El mercadillo de Navidad de Innsbruck, recién inaugurado el pasado 15 de noviembre, bullía de gente. Los controles policiales eran frecuentes porque los no vacunados llevaban ya una semana confinados y los vacunados, con los deberes hechos, querían disfrutar de su libertad y del recién estrenado ambiente navideño.

El lunes 22 por la mañana, los ciudadanos nos levantamos expectantes. ¿Cómo iban a funcionar las nuevas medidas? Pero en la calle, el nivel de tráfico y de movimiento de gente acudiendo a sus puestos de trabajo o de estudiantes, era casi el normal. En las oficinas se han retomado los turnos para asegurar una ocupación mínima de los espacios comunes, y los alumnos acuden casi al 90% a las aulas, todos con la mascarilla puesta todo el día. La mayoría de las familias quieren seguir llevando una vida normal. Los colegios siguen funcionando a tiempo completo, aunque los niños pueden dejar de acudir a las clases si sus padres así lo deciden. Eso sí, las clases de imparten en presencial y los niños que estudien desde casa tienen que organizarse solos.

Lo que permanece cerrado a cal y canto hasta el próximo 13 de diciembre son los comercios, la restauración y todas las actividades de ocio. Y en este país alpino, eso supone un grave peligro para el turismo, que representa casi un 10% del PIB de su economía, y que vive en gran medida del invierno, cuando arranca la temporada de esquí.

Las noticias cambian cada día y denotan falta de prioridades y de firmeza. Las estaciones de esquí del Tirol, con las plantillas contratadas y los remontes a punto para acoger a los deportistas, se niegan a plegarse a las nuevas normas. El debate está abierto. ¿Quién ganará el pulso?

Mientras tanto, nos mantenemos a la espera de recuperar la normalidad y poder disfrutar de la nieve y del invierno tan característico de esta zona.

NOTA: la imagen es de la web www.austria.info donde figura toda la información sobre los mercadillos de Innsbruck y Tirol.

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