Mi abuela cumple 100 años

Mi hijo Juan, que acaba de cumplir 7 años, el mismo día que mi abuela cumplió 100 – es decir se llevan 93 años, ¡que se dice pronto!- todavía se levanta por las mañanas y dice que no se lo puede creer… ¡Que la abuela Margot tenga 100! Para él esa cantidad de años es inabarcable. La verdad es que impresiona. 100 años de vida con sus luces y sus sombras.

Mientras tanto, mi abuela sigue adelante a un ritmo lento, consciente de que el final está cercano, pero fiel a sus rutinas y disfrutando a ratitos de esta vida que nunca sabemos lo que nos depara. Desde la distancia, la observo y admiro su resiliencia, su capacidad de adaptación a un mundo que avanza deprisa y al que sin querer, se ha tenido que ir adaptando. Ella dice no tener ganas de seguir adelante, pero las pequeñas alegrías de hijos, nietos, biznietos y amigos, la mantienen viva. Y sin problemas de salud, a pesar de su falta de visión y de audición, que limitan su capacidad de disfrute, qué duda cabe.

Solo ella sabrá lo que pasa por su mente… nosotros vivimos lejos y no la vemos tan frecuentemente como nos gustaría. Me encantaría saber más de ella, poder exprimir sus últimos meses, días… lo que le quede por vivir. Atesora una gran sabiduría y entereza que la convierten sin duda en un referente para todos nosotros, sus 6 nietos, 13 biznietos y demás familia.

Cuando la veo pienso en la matriarca, una mujer a la sombra de un marido con carácter fuerte, pero que en el fondo movía y mueve los hilos de la familia. Si ella nos dice ven, y más ahora… lo dejamos todo!

Llevo escribiendo este post unas semanas porque se me acumulan las tareas… y resulta que me propongo terminarlo justo hoy, víspera del Día internacional de la Mujer. No puedo evitar pensar en lo mucho que hemos evolucionado las mujeres en los últimos 100 años… pero lo mucho que nos queda por evolucionar y que desde luego, tiene sentido seguir teniendo un día internacional para recordar que la igualdad en derechos todavía no es una realidad.

Personalmente, observar a mi abuela con su edad me lleva a pensar en cómo me gustaría a mí misma verme si alcanzara a cumplir los 100 y desde luego, pienso que me gustaría sentirme orgullosa del camino recorrido, de mi gran familia y de mi trayectoria personal y profesional. Me gustaría sentir que he vivido intensamente, que no tengo deudas pendientes con nadie y que he hecho todo lo que me proponía, todo lo que soñaba con hacer algún día… Ese es un ejercicio que la autora María Fornet recomienda en su libro «El Faro«, y que suelo hacer a menudo tratando de definir mi propósito y el camino a seguir, algo de lo que venga hablando de forma recurrente en mis posts porque es para mí algo fundamental y que ocupa mucho espacio en mi mente. Me ayuda a superar mis reticencias y mis miedos porque si no lo intentamos, nunca sabremos qué habría pasado.

Pero basta de hablar de mí y desde aquí, sirvan estas líneas como reconocimiento a mi abuela Margot, con la que he tenido la suerte de crecer y a la que he tratado con frecuencia y que es para mí un ejemplo de elegancia, constancia y valentía en un mundo de constante cambio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.