¿Qué es el techo de cristal?

He retomado las clases de alemán y me gusta porque a pesar de ser online, al menos son con profesor y no a través de una de esas plataformas de E-Learning tan impersonales y aburridas, y además hemos coincidido 4 alumnas y una profesora, lo que hace que las clases sean muy entretenidas. Todas las alumnas estamos ubicadas en Innsbruck y trabajando en la misma empresa y la profesora, en Viena. Curiosa combinación, pero tenemos unas charlas muy interesantes que nos permiten practicar el alemán, que es de lo que se trata. Con tanta mujer junta, es inevitable que salgan ciertos temas y el otro día me llamó la atención cuando la profesora -que tiene más de 30 seguro, si no tiene más de 40- confesó que no conocía el término «techo de cristal». Cierto es que mi alemán no es perfecto y que desconocía el término «Gläserne Decke», que es como se denomina este concepto en este idioma, pero pensé que sabría a qué hacíamos referencia y resulta que no, que no le decía nada.

Por eso he pensado que es bueno recordar a qué hace referencia este término y de dónde procede. Uno de los obstáculos con los que nos enfrentamos las mujeres en nuestra vida profesional es el llamado techo de cristal, una barrera invisible que nos impide progresar en nuestra carrera profesional y alcanzar puestos directivos o de mayor responsabilidad.

Piénsalo, ¿no sientes que pasas todo el día trabajando y que te cuesta llegar, promocionar, que siempre tienes que estar demostrando que vales, que estás agotada?

Si tuviéramos que dar una definición de techo de cristal, diríamos que es una barrera invisible contra la que chocan las mujeres cuando intentan progresar en su carrera profesional, impidiéndoles así alcanzar altos cargos dentro de las organizaciones privadas y públicas y la política. Esta barrera es invisible porque no hay unas leyes o códigos específicos que se impongan a las mujeres para limitarlas profesionalmente, sino que se trata de normas no escritas, muchas veces (casi siempre) derivadas de estereotipos y construcciones socioculturales que atribuyen ciertas características y roles a hombres y mujeres y lo que se espera de ellos, tanto en el ámbito profesional como en el privado.

La primera que habló del techo de cristal en 1978, fue la consultora laboral estadounidense, Marilyn Loden, que argumentó entonces que las mujeres no podían ascender en el mundo laboral como consecuencia de una cultura que obstaculizaba sus aspiraciones y que no fomentaba la equidad en oportunidades. Unos años más tarde, en 1986, Carol Hymowitz y Timothy D. Schellgardt, acuñarían el término en un artículo publicado en el Wall Street Journal, en el que definirían las glass ceiling barriers (barreras de techo de cristal) como los obstáculos que encuentran las mujeres para ascender en el mundo de los negocios.

Desde entonces han pasado más de 40 años y aunque se han hecho progresos para eliminar las causas que provocan el techo de cristal y la brecha de género que éste genera en las organizaciones y la sociedad, lo cierto es que aún queda mucho camino por andar hasta lograr la igualdad en el ámbito laboral.

Algunos datos:

  • Según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en 2020 casi un 90% de mujeres pidieron una excedencia para el cuidado de los hijos, frente a un 12% de los hombres.
  • De acuerdo a los datos del Observatorio de Igualdad y Empleo, la tasa de actividad de las mujeres en España en 2021 es del 53% frente al 63% de los hombres. El paro entre las mujeres alcanza una tasa del 17%, en los hombres el 13%.
  • Más de 2 millones de mujeres trabajan en jornada parcial, frente a algo más de 700.000 hombres.
  • El estudio de Women in Business 2021 nos deja, además, estos datos:
    • Número de mujeres directoras generales en España: 23%
    • Solo el 29,3% de mujeres forman parte del consejo de administración en las empresas del Ibex 35.
    • Según el INE, el 6,1% de mujeres ocupa el cargo de presidente en las empresas del Ibex 35 (en realidad, son solo 3 mujeres, Ana Botín en el Banco Santander, Beatriz Corredor en Red Eléctrica y María Dolores Dancausa en Bankinter).

Es cierto que parece que poco a poco hay cosas que están cambiando y que hoy en día más mujeres acceden a puestos de responsabilidad que en el pasado. Pero tenemos que seguir luchando hasta conseguir la igualdad y que todas aquellas mujeres que hoy están con una excedencia o reduciéndose la jornada para cuidar a sus hijos, puedan volver a para acceder a un puesto de trabajo y seguir creciendo y que a futuro, eso no tenga impacto sobre sus pensiones. Pero sobre la feminización de la pobreza, hablaré otro día, que es un tema fundamental que se da tanto en países no desarrollados, como en los países en vías de desarrollo e incluso en algunos países desarrollados.

En Austria la situación tampoco es idónea porque si bien la conciliación resulta más sencilla que en España al menos sobre el papel, es decir, la baja de maternidad puede ser de un año o incluso más, la vuelta al trabajo puede ser con jornadas adaptadas de 20 o 30 horas, la realidad es que esas mujeres que vuelven a trabajar dos años después de haber nacido su hijo con una jornada reducida, tienen que empezar su carrera casi de nuevo… y esa jornada reducida implica cambiar tiempo en la empresa por tiempo en casa no remunerado dedicado a las tareas del hogar… no digo que las parejas no colaboren, que la corresponsabilidad es alta, pero no existe la ayuda doméstica o es un concepto denostado y por tanto, en gran medida, ese trabajo acaba recayendo en las mujeres con los sacrificios que eso supone porque el día tiene 24 horas para todo el mundo.

Hoy me interesaba recordar el término del techo de cristal y para terminar, quería compartir también el trabajo que ha realizado Laura Sagnier y que da algunas pistas de cómo se sienten y piensan las mujeres españolas y portuguesas, en su libro «Las Mujeres Hoy«.

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